Cuando no es el momento de cambiar: gestionar también es aprender a adaptarse

En las empresas hablamos mucho de cambio. Cambiar procesos, herramientas, estructuras, formas de trabajar. Basicamente buscamos corregir aquello que no funciona. Y esto  tiene sentido; si algo consume más recursos de los que debería, genera errores o afecta la rentabilidad, lo lógico es preguntarnos cómo podemos mejorarlo.

¿Qué pasa cuando sabemos qué debería cambiar, pero no es el momento de cambiarlo?

Sabemos que las organizaciones trabajan con recursos limitados y las transformaciones también los consumen. Implementar un sistema requiere dinero, tiempo y personas. Modificar un proceso necesita análisis, coordinación y aprendizaje. Reorganizar un equipo puede requerir capacidades que todavía no están disponibles.

Entonces podemos encontrarnos frente a algo que sabemos que no es óptimo y, sin embargo, decidir mantenerlo durante un tiempo. No necesariamente porque no queramos mejorar, simplemente porque hoy existen otras prioridades.

Si el contexto no puede cambiar, algo igualmente tiene que cambiar

Y ahí aparece una alternativa que muchas veces dejamos en segundo plano: adaptarnos nosotros a las condiciones existentes.

Adaptarse no significa resignarse. Por el contrario, significa reconocer cuáles son las restricciones actuales y preguntarnos qué podemos hacer diferente dentro de ellas.

La realidad sigue siendo la misma, pero lo que cambia es la manera en que utilizamos nuestros recursos dentro de ella.

Las personas también administramos recursos

Cuando nos imaginamos los recursos de una empresa solemos pensar en dinero, stock, infraestructura, tecnología o materiales. Pero también hay otros recursos: tiempo, conocimiento, atención, capacidad de análisis, experiencia y energía.

Y todos son limitados.

Insistir durante meses en trabajar de una manera que el contexto ya no permite también tiene un costo. Horas dedicadas a resolver los mismos problemas, controles que se multiplican, reuniones que intentan compensar procesos que no funcionan, personas calificadas ocupando gran parte de su jornada en tareas que podrían resolverse de otra manera.

Quizás la organización todavía no pueda hacer la transformación que necesita, pero eso no significa que tenga que seguir utilizando sus recursos exactamente de la misma manera.

Adaptarse también protege tu rentabilidad

La rentabilidad no depende solamente de cuánto vendemos o cuánto pagamos por nuestros insumos. También depende de cómo utilizamos los recursos disponibles. Por eso, frente a una restricción, la pregunta no siempre tiene que ser:

¿Cómo cambiamos esto?

A veces conviene preguntarnos:

Si esto hoy no puede cambiar, ¿qué podemos cambiar nosotros para trabajar mejor con lo que tenemos?

Puede ser una solución temporal o no ser la situación ideal. Incluso puede ser necesario volver a revisarla cuando cambien las condiciones.

Por eso, gestionar también implica distinguir entre lo que queremos transformar, lo que podemos transformar hoy y aquello a lo que necesitamos adaptarnos mientras tanto.

Esperar el escenario ideal también consume recursos.

Y mientras algunas condiciones no dependen de nosotros, la forma en que utilizamos nuestros recursos frente a ellas sí está en nuestras manos.